Consumo de la casa
Frigorífico y congelador: el aparato que nunca se apaga
Consume poco por hora y muchísimo al año, porque son 8.760 horas seguidas.
Revisada el 26 de agosto de 2026 · 8 min de lectura
El frigorífico es el aparato peor entendido de la casa. Consume poco en cada momento, tan poco que nadie lo tiene por un gasto, y sin embargo termina el año por encima de la lavadora, el horno y el secador de pelo juntos. La explicación cabe en una frase: es el único que no se apaga nunca.
La cuenta de las 8.760 horas
Un frigorífico normal ronda los 0,8 kWh al día, con un rango de 0,4 a 1,6 según el tamaño y la antigüedad. Al año son unos 292 kWh, es decir 44 €.
Compáralo con el secador de pelo, que consume mucho más mientras funciona y termina el año en 62 kWh, unos 9 €. La diferencia no está en la potencia, está en las horas.
Lo que decide su consumo no es la potencia
Un frigorífico gasta según lo que le cueste sacar calor de dentro y soltarlo fuera. Todo lo que dificulte cualquiera de esas dos cosas se paga en la factura, y casi nada de eso viene escrito en la ficha del aparato.
- Dónde está colocado. Es el factor número uno y el que más se descuida. Pegado al horno, a la vitrocerámica o al radiador, o en una cocina que en verano se pone a 30 grados, tiene que trabajar contra un ambiente caliente todo el día.
- Si respira por detrás. El condensador de la parte trasera necesita espacio para soltar el calor. Empotrado a ras de pared o con la rejilla llena de polvo, el compresor funciona más rato.
- La goma de la puerta. Una junta vieja o deformada deja entrar aire caliente de forma continua. La prueba es de un minuto: cierra la puerta con un billete a medio meter; si sale sin resistencia, la goma ya no sella.
- La temperatura fijada. Unos 5 grados en el frigorífico y unos 18 bajo cero en el congelador es suficiente. Cada grado por debajo es consumo permanente para nada.
- El hielo acumulado. En los congeladores sin sistema antiescarcha, una capa de hielo actúa como aislante entre el aire y el evaporador, y obliga al aparato a trabajar más. Descongelar cuando empieza a notarse es de las tareas con mejor relación esfuerzo-ahorro.
Costumbres que ayudan y costumbres que no
Ayudan:
- Dejar enfriar la comida antes de meterla, en vez de meter la olla caliente.
- Abrir menos veces y menos tiempo, que suena a tópico y es exactamente el motivo por el que existe el sonido de aviso de puerta abierta.
- Tener el congelador razonablemente lleno: la masa congelada mantiene el frío entre arranques del compresor.
- Limpiar el polvo de la rejilla trasera una o dos veces al año.
No ayudan:
- Apagarlo por la noche o cuando te vas un fin de semana. Volver a bajar la temperatura de todo lo que hay dentro cuesta más que mantenerla, y además arriesgas la comida.
- Bajar la temperatura antes de meter la compra. El aparato ya reacciona solo cuando detecta que ha subido.
Cuándo compensa cambiar uno viejo
Esta es la única pregunta de esta guía que puede valer cientos de euros. Un frigorífico de hace quince o veinte años puede consumir el doble o el triple que uno equivalente actual, y como funciona 8.760 horas al año, esa diferencia se acumula sin parar.
La cuenta se hace igual que cualquier amortización: coge el consumo anual del que tienes (si no lo sabes, un medidor de enchufe te lo dice en un par de días), réstale el consumo anual que declara el que comprarías, multiplica por el precio del kWh y divide el precio del aparato nuevo entre ese ahorro. Eso te da los años que tarda en pagarse.
Para leer bien ese consumo declarado y no fiarte solo de la letra, estála etiqueta energética traducida a euros. Y ojo con una trampa habitual: un frigorífico nuevo mucho más grande que el viejo puede consumir más en términos absolutos aunque su clase sea mejor.
El coste de tu nevera con el precio real de hoy está encuánto cuesta tener el frigorífico, y su posición frente al resto de la casa, enqué gasta cada electrodoméstico.